Ruta por el Moncayo


Hablar del Moncayo, es soñar con un mundo maravilloso, no solo desde el punto de vista Micológico, sino en todos sus aspectos naturalísticos. Es una isla mágica, enclave atlántico en pleno clima mediterráneo. Lastima que en tan corto espacio no podamos centrarnos nada mas que en la descripción ligera de unos recorridos generales. Seguro, no obstante, que es suficiente para que nos enganche y atraiga su conocimiento, para hacerle repetidas visitas.

Desde el monasterio cisterciense de Veruela, a 2 Km. de Vera de Moncayo, podemos iniciar un largo recorrido por sus diferentes hábitats. Por supuesto no antes de haber visitado este magnifico monasterio (no habitado por monjes hoy día) restaurado y gestionado por la Diputación de Zaragoza (DPZ). En su nueva función, está resultando ser un foco de atracción turística y cultural de primer orden y también Micológico, por las Jornadas micológicas que en él se vienen realizando en los últimos años, de forma alternada primavera – otoño. En él se ha ubicado también el Museo del Vino de la D.O. Campo de Borja y en un futuro parece que albergará también un centro hotelero. Famosos son los escritos y poemas de Gustavo Adolfo Becquer realizados en este monasterio, entre otros “Cartas desde mi celda”.

   

                    Claustro                                                                                      Claustro

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                                         Cepa con uvas

    Entrada a Monasterio de Veruela 

En Vera podemos proveernos de productos artesanos y de un excelente pan y repostería para el recorrido.

Si elegimos la ruta interior, que parte frente al monasterio, pasamos por el encinar-carrascal de Maderuela, rico en hipogeos del género Tuber (trufas) y es la ruta normal para llegar al lugar de Agramonte (antiguo hospital antituberculoso, hoy en ruinas), donde hay una zona de aparcamiento y restaurante. Pero allí llegaremos también por otra ruta que se une a esta a la altura de la Central de Morca y que nos permite  visitar otras zonas ricas en setas.

Para ello, desde Veruela salimos en dirección a Añón, típico pueblo con restos de castillo y murallas, donde el Marqués de Santillana cantó a sus mozas en sus “serranillas”. Asoma al río Huecha por un acantilado, del que brota un caudaloso manantial de una gruta, en su base. Antes de llegar nos desviamos hacia Alcalá de Moncayo y atravesándolo llegamos a la urbanización “Cumbres del Moncayo”, en pleno carrascal. A partir de aquí y a ambos lados de la pista, podemos iniciar la búsqueda de las diversas especies propias de este hábitat: infinidad de Russulas, Amanitas, Boletus, etc. surgen abundantemente en primavera y otoño principalmente y en verano si caen tormentas.

Siguiendo esta pista, podemos vadear el río en la Central de Morana y seguir entre extensos rebollares en dirección a la Central de Morca , que nos permitirá enlazar con la carretera de la ruta interior. También estos rebollares de Quercus pyrenaica son ricos en especies muy diversas. 

                             Amanita phalloides     

                        Boletus aestivalis                                                       

Ya en la carretera alternamos el rebollar con el pinar de Pinus sylvestris y otras especies, algunas exóticas. Podemos efectuar otra parada a la altura del cruce de Lituenigo y campamento de DGA y luego ya en Agramonte, donde el bosque gana en riqueza al aparecer una mancha de abedul (Betula pendula), que nos permite localizar otras especies como Amanita muscaria, Lactarius torminosus, Leccinun aurantiacum, Boletus edulis, Cantharellus tubaeformis, etc.

                        Boletus regius                                                                    Hygrocybe monscaiensis

En los cruces de carreteras que van a Litago, Lituenigo y San Martín, es frecuente en otoño tener dificultades para aparcar el coche, por la gran cantidad de aficionados a recoger Lactarius deliciosus o Rebollón, que se dan cita sobre todo los fines de semana.

Desde Agramonte comienza, prácticamente, la ascensión al Moncayo, que con recorrido asfaltado nos permite acceder cómodamente  hasta la zona de aparcamiento de la Fuente de los Frailes. Antes ya hemos pasado por la Fuente de la Teja (con aparcamiento) en pleno hayedo, por la de los Tres Caños con bosque mixto de abedul, pino y rebollo y por la del Sacristán (aparcamiento en hayedo).

Antes de continuar hay que advertir que en este Parque está prohibido aparcar fuera de los lugares habilitados para ello y que también está limitada la recogida de setas: se permite la recogida hasta 3 Kg. por persona y día, pero se prohibe la recogida comercial sin autorización. Tampoco puede cogerse acebo (Ilex aquifolium )  y otros vegetales, animales o minerales. Es conveniente proveerse de documentación en el Centro de Interpretación, que está junto al aparcamiento y restaurante, a la vez que nos ilustramos de conocimientos sobre diversos habitantes y características de este espacio.

Si queremos seguir, la ascensión en coche ya es menos cómoda, pues la carretera no está asfaltada, pero nos permite llegar hasta el santuario y restaurante que están a 1600 m. de altitud, atravesando hayedos y pinares. No olvidemos de asomarnos a Peña Nariz, promontorio que emerge sobre el hayedo y que nos permite divisar una excelente panorámica.

El santuario de la Virgen del Moncayo está en un balcón al pie de las Peñas Meleras a 1600 m de altitud, desde el que se divisa no solo el somontano, sino que la visión se extiende en días claros hasta el Pirineo. De aquí a la cima se asciende en poco mas de una hora de caminar entre pino negro (Pinus uncinata), praderios y canchales entre los circos de San Miguel y San Gaudioso, llegando a los 2315m de su cima.

Hay Hospedería abierta todo el año y en su restaurante podemos degustar algún guiso con setas. Aquí se pueden encontrar desde Calocybe gambosa en primavera hasta Boletus edulis, B. pinophilusB. aestivalis en otras épocas y por supuesto, el omnipresente Rebollón.

A lo largo del recorrido podemos observar, que de la carretera parten bastantes pistas laterales, atravesadas con barreras o cadenas, de acceso restringido a vehículos. Por ellas podemos caminar tranquila y cómodamente a la búsqueda de especies, pasando de uno a otro  hábitat ya que están escalonados. También es costumbre recoger otros frutos silvestres, como las fresas y los chordones (frambuesas) que también abundan en determinados lugares y a las orillas de la carretera y pistas.